Se encuentra en la
Sierra de los Filabres, por encima de Macael, a más de
ochocientos metros de altura, metido en una hoya (de ahí
el término árabe Laroya que significa “cazuela”
u “hoya” ).
Es un pequeño pueblo con forma de graderío enganchado a
una verde montaña.
Laroya
nació como asentamiento en tiempos árabes y desarrolló una agricultura
(almendros, olivos, grano, trigo, maíz) y una ganadería (cerdos) suficiente
para mantener a sus vecinos de las que aún quedan restos.
Posee
un término municipal bastante extenso y de bellísimos parajes , cuenta con una
iglesia mudéjar del XVII cuya historia define por sí sola el emplazamiento del
pueblo ya que debido a la dificultad de transportar los materiales desde el
valle por escarpados caminos y precipicios se realizó una tejera junto al
río donde pudieran fabricarse los ladrillos.
Laroya fue
noticia hace unas décadas por un curioso fenómeno natural que no ha vuelto a
reproducirse, pero que
tampoco pudo quedar aclarado por los estudiosos e
informadores que acudieron a contemplarlo, unos extraños fuegos que,
en el paraje de Fuente el Saz, surgían al azar y de forma espontánea que
llegaron a quemar la mies recolectada y hasta las ropas de algunos de los
curiosos a los que atrajo.